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¡A preparar el lienzo!

Cuál si se tratara de un pintor que debe tener su lienzo listo para comenzar con su obra, así debes considerar tu rostro antes del maquillaje. De acuerdo con tu tipo de piel (normal, seco, grasa o combinada) es que seleccionas los productos de limpieza, tonificación e hidratación. Si te asoma la duda sobre cuáles seleccionar, las consultoras de belleza en los mostradores te ayudarán en el escogido.

Jamás limpies tu cara con el mismo jabón que te bañas, puedes alterar el pH natural y comenzar con problemas como resequedad. La limpieza de la mañana sirve para remover los residuos de la crema humectante nocturna; la de por la noche eliminar las impurezas que se adhieren a la piel durante el día, incluido el poco maquillaje que quede después removerlo con el producto adecuado, ya sea loción o toallitas.

Por su parte, el tónico funciona para culminar el proceso de limpieza, pues remueve sobrantes de la limpiadora y ayuda a minimizar la apariencia de los poros. Culmina esta parte con una crema humectante. La que se utiliza durante el día debe tener protector solar, mientras que la de la noche contiene nutrientes que trabajan mientras duermes. Es por esto que suele ser más densa.

 

Mientras te maquillas

Una vez tengas el rostro limpio, tonificado e hidratado, comienza a impregnarlo de color. Indistintamente si se trata de un maquillaje de diario o uno más elaborado como el que suele utilizarse en la noche, la selección de la base, el polvo, el corrector y el iluminador es vital para que luzca natural. Recomiendan los expertos que los pruebes a plena luz del día, nunca de noche, para que corrobores que la tonalidades seleccionadas son las que mejor te van.

Otro detalle que se toma en cuenta para que el maquillaje quede perfecto son las herramientas de aplicación. Aquí entran en juego las esponjas, las motas, las brochas, incluso tus dedos. El tipo de cosmético determina el útil que vas a usar. Por ejemplo, muchos maquilladores aplican la base con una brocha, mientras que otros prefieren difuminar el corrector con una esponja. 

En caso de que se trate de un maquillaje sencillo, lo primero que debes aplicar es el polvo, seguido de las sombras de los ojos. Para el trabajo se recomiendan aquellas de tonos neutrales. Así las cosas, los colores más brillantes se reservan para las salidas casuales o para la noche. El delineador de ojos sirve para destacar la mirada, mientras que el rímel da volumen y reconocimiento a las pestañas. Acentúa las mejillas con un ligero toque de rubor, de manera que se vean como acariciadas por el sol. 

Culmina el proceso de maquillaje con los labios. Ya sea con un lápiz labial o un gloss, dales color. Al igual que ocurre con las sombras, reserva las tonalidades más neutras para el trabajo, las más audaces resérvalas para las salidas nocturnas.

 

De regreso a la naturalidad

Ya impresionaste a todos con un maquillaje bien hecho. Ahora bien, llegó el momento de retirarlo y preparar la piel para descansar. Una regla de oro en la belleza: jamás te cuestes con maquillaje. Como mínimo, debes removerlo previo a irte a la cama. Lo perfecto sería que completes la rutina de limpieza, tonificación e hidratación, tal y como lo haces en la mañana.

Existen varios productos para remover el maquillaje. Las lociones funcionan como una limpiadora que quita el grueso, tal y como lo hacen las toallitas humedecidas que tan en boga se han puesto. Culminada esta parte, debes utilizar la limpiadora y el tónico para asegurarte de que se haya retirado todo el maquillaje. 

De inmediato, aplica la crema humectante mediante movimientos circulares tanto en el rostro como en el área del cuello. Préstales atención a los ojos utilizando su propio cosmético reparador. ¡Tu cutis te lo agradecerá!

 

Como vez, maquillarte es más que simplemente colorear el rostro. Conlleva atención, esmero y cuidados para que luzca impecable siempre.